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Tres son, para nosotros, el tipo de competencias que nos parecen
relevantes para orientar las distintas actividades educativas en
nuestras materias: competencias comunicativas, actitudinales e informacionales.
Las competencias comunicativas se refieren tanto a la producción
e interpretación en su contexto de mensajes escritos de diversa
naturaleza como a la producción e interpretación en
su contexto de mensajes orales también de diverso tipo. Ello
supone que en nuestras clases los alumnos han de comunicarse, han
de hablar, han de dialogar. Por tanto, es imprescindible generar
en ellas espacios dialógicos multidireccionales que superen
las inercias del monopolio de la comunicación unidireccional.
Las competencias actitudinales integrarían una serie de
aspectos que deberían estar presentes en todas las actividades
educativas. La tenacidad como actitud cuyo desempeño no sólo
ha de evaluarse cuando no existe, sino también propiciarse
creando condiciones de enseñanza en las que se haga posible
su desarrollo; las actitudes y estrategias que hacen fructífero
el trabajo cooperativo y en equipo, que sería, más
que un medio para el aprendizaje de conceptos, un fin educativo
en sí mismo, al estar en la base del aprendizaje de las actitudes
de tolerancia y solidaridad que hacen verdaderamente humana la convivencia;
la actitud proclive a valorar, a enjuiciar críticamente todas
las realidades y a justificar racionalmente las valoraciones que
los individuos humanos hacemos, podrían ser tres ejemplos
de este tipo de competencias actitudinales que tienen un indudable
valor educativo y que entendemos que cabe enseñar, aprender
y evaluar en todos los contextos de la acción educativa.
Las competencias informacionales aludirían al conjunto de
destrezas y conocimientos que han de desarrollarse para que los
ciudadanos puedan enfrentar, en condiciones de igualdad, los diversos
retos que para su vida plantea la sociedad del conocimiento. El
acceso a las diversas fuentes de información y la selección
de sus contenidos son mucho más que un medio para aprender
conocimientos que acaban siendo tan efímeros y discutibles
como la forma en que tradicionalmente se aprenden. La estructuración
lógica de la información y la capacidad para relacionarla
es útil para la vida porque se trata de mucho más
que el mero aprendizaje de formalismos lógicos.
En la selección de los contenidos tenemos en cuenta cuatro
criterios de relevancia. En primer lugar, la relevancia social,
algo que, por obvio, no tendría que ser reivindicado en la
actividad educativa, pero que sigue siendo necesario enfatizar al
seleccionar los temas, casos o problemas como contenidos del currículo.
El segundo lugar, la relevancia madurativa que supone elegir entre
los contenidos posibles aquéllos que mejor se adapten a las
inquietudes, intereses y expectativas de las edades correspondientes
a nuestros alumnos. En tercer lugar, la relevancia curricular que
supone que los temas seleccionados complementen lo tratado en las
demás materias, que supongan algo nuevo, incluso, muchas
veces, otra mirada sobre asuntos que pueden ser tratados de otro
modo en las materias de ciencias o humanidades. Por último,
la relevancia epistemológica, es decir, el hecho de que de
la aplicación de los anteriores criterios resulten seleccionados
temas o problemas que tengan significación en el ámbito
disciplinar que define a cada materia. Ese significado no necesariamente
ha de ser explícito para los alumnos, aunque sí ha
de serlo para el docente.
Obviamente, la metodología y las formas
de evaluar habrán de ser coherentes con lo indicado hasta
ahora. Por ello, la organización de las actividades, la selección
de los materiales y la disposición de los escenarios del
aula conceden gran importancia a la tenacidad individual, a la cooperación
en los equipos y al intercambio dialógico de informaciones
e ideas en torno a temas, casos y problemas relevantes. Es eso,
y no otra cosa, lo que se evalúa, es decir lo que se valora,
aquello a lo que se asigna valor tanto en la forma de hacer nuestra
clase como en la forma de enjuiciar los resultados colectivos e
individuales.
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