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Los planetas asombraban a los sabios antiguos porque su movimiento no parecía tan regular como el de los demás cuerpos celestes. Hoy tenemos más pruebas de que la inmutabilidad no va con ellos. Es el caso de Júpiter, que presenta hoy variaciones en su aspecto exterior que pueden ser observadas por cualquier aficionado a la astronomía. Las franjas alargadas que lo cruzan, paralelas al ecuador, están sufriendo cambios que siguen despertando la curiosidad de los astrónomos. La misma curiosidad que hizo contruir su telescopio a Galileo para romper con él las fronteras filosóficas entre el mundo terrestre y el celestial. |
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