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Los cielos jugaron en contra del Titanic. Pero no por supersticiosos motivos, sino por un conjunto de circunstancias que hicieron singulares las noches de aquel abril de 1912. La del 14 al 15 era completamente despejada, con miles de estrellas en el cielo, pero sin Luna. Pocas semanas atrás nuestro satélite había estado a la mínima distancia de la Tierra en casi 1500 años y eso pudo ayudar a que las mareas hicieran proliferar los icebergs en el Atlántico Norte. El mar en calma, sin vistosas (y visibles) olas blancas que chocarán contra ellos, y una vigilancia nocturna sin binoculares hicieron el resto. Y el resto es lo que ya conocemos: la historia de una tragedia marítima que han revivido para nosotros las grandes estrellas del cine. El Titanic y las estrellas tienen mucha relación. |
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