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Los daños causados por el uso militar de la energía nuclear son evidentes. Hiroshima y Nagasaki perdurarán en la memoria como ejemplos de la desmesura a la que se puede llegar la barbarie humana con la ayuda de la técnica. Muchos años después de todo aquello, los efectos de la carrera nuclear que presidió buena parte del siglo XX siguen afectando al territorio de Hanford, un lugar apartado de Norteamérica que durante décadas suministró plutonio a la industria armamentística estadounidense. Conejos y avispas radiactivas, acuíferos contaminados y un amplio territorio con altos riesgos para la salud humana, son el legado de un tiempo en el que producir plutonio era más importante que proteger el medio ambiente y la vida humana. |
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