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Con sus tres famosas leyes Asimov quiso reivindicar una imagen benéfica para los robots. La ficción los había emparentado con Frankenstein y los temores a su eventual rebelión hacían recelar de unas máquinas diseñadas para emular las acciones humanas. Su actual uso en las guerras les da un nuevo protagonismo, ahora real. Y también hace aumentar la desconfianza hacia ellos. |
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